Tomás Cano 

Assistant Professor of Sociology
Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED)


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Picture by Natalie Efinger (Berlin, 2017)

Welcome to my website and thanks for visiting. I’m assistant professor of sociology  at UNED in Madrid, where I study gender and family dynamics, social stratification, and child development. Results of these studies were published in scientific journals such as  Journal of Marriage and Family or European Sociological Review, covered by media outlets like The Economist, impacted policy institutions like the European Commission or the European Parlament, and  had invited talks at University of Oxford, among other research centres.  To learn more, you can see the CV, bio, or Twitter.


          
     








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Hacer el Género (“Doing Gender”) 


Este es un texto que escribí para explicar  la teoría del “doing gender” a los alumnos de primero del grado de sociología de la UNED. Esta teoría es muy citada en la literatura internacional sobre estudios de género, pero no se suele considerar mucho en España. De hecho, solo hay una traducción del texto al español, que tiene ya varias décadas, es del Fondo de Cultura Económica de México, y está actualmente descatalogada. 

La teoría del “doing gender” (hacer género) fue desarrollada por dos de los discípulos del sociólogo Erving Goffman, West y Zimmerman (1987). Esta teoría parte de la separación de sexo y género, y la consideración de que, mientras que el sexo es más o menos estable a lo largo del tiempo y las situaciones, el género es variable y se produce y reproduce diariamente en la mayoría de las situaciones cotidianas. Goffman planteaba que el género se caracteriza por “formas de actuar, parecer o sentir que son específicas de una clase determinada de sexo” (1977: 303) y que sirven para que los individuos, a través de la puesta en práctica de dichas formas de actuar, parecer y sentir, reafirmen su pertenencia a un sexo determinado, así como se alineen con otras personas de su mismo sexo a través de la similitud de sus prácticas y emociones. Por lo tanto, según estos autores, el sexo viene dado genéticamente, mientras que el género se construye diariamente a través de la puesta en práctica de comportamientos o emociones que son características de uno u otro sexo. De ahí el nombre de “doing gender” (hacer género), ya que el género debe de construirse o hacerse cotidianamente.

Es importante recordar que para que los individuos puedan “hacer el género” (o el “doing of gender”), el resto de las personas en la sociedad, lo que West y Zimmerman llaman “la audiencia”, deben de estar equipadas con una serie de códigos perceptivos y morales sobre qué significa ser masculino y femenino, y cuáles son las formas de actuar o sentir de uno u otro género. Por ejemplo, una vez se establece socialmente que el color rosa será un símbolo de feminidad, mientras que el color azul lo será de masculinidad, los individuos ya pueden usar ese conocimiento compartido socialmente para crear su género a través de preferir o usar un color u otro. Esta última cuestión hace a esta teoría especialmente interesante, porque mezcla la “estructura”—es decir, las normas relativamente estables que condicionan o determinan el comportamiento— con la “agencia”—la capacidad de los individuos de actuar y tomar decisiones libremente. Por ejemplo, la estructura sería el conocimiento compartido socialmente de que el rosa simboliza feminidad (un conocimiento que es normalmente transmitido de padres a hijos o enseñado en el sistema educativo) y que sería lo socialmente aceptable o condicionante. La agencia sería la decisión libre de las personas de utilizar el rosa (o no) para simbolizar feminidad.

La ‘agencia’ de los individuos nos lleva a una nueva cuestión que plantean West y Zimmerman: la construcción social del género debe de realizarse cotidianamente, pero es opcional. Los padres de una hija pueden pintar la habitación rosa, o pueden no hacerlo. Incluso pueden revertir los roles de género y pintarla de azul. Nadie obliga a unos padres a pintar la habitación de color rosa si se tiene una hija, o perforarle las orejas con pendientes siendo un bebé. Si bien es cierto que la estructura condiciona la agencia, y esta sería una de las razones por la que la mayoría de los padres, a pesar de tener la opción de revertir los roles de género en sus hijos, continúan manteniéndolos.

Referencias: 

Goffman, E. (1977). “The arrangement between the sexes”. Theory and Society, 4(3): 301-331.
West, C. y Zimmerman, D. H. (1987). “Doing Gender”. Gender and Society, 1(2): 125-151.


Este texto ha sido publicado en papel en el libro: 

Díaz, J. A. y Rodríguez, R. M. [Eds.] (2022): Introducción a la Sociología Actual. Editorial UNED



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Separados al nacer: el experimento prohibido y la controversia genética-ambiente

El caso de las niñas intercambiadas al nacer en La Rioja es una ocasión para pensar en lo que sabemos sobre la importancia del entorno y de la genética en las oportunidades vitales, así como sobre nuestras intuiciones morales.



La semana pasada saltó a los medios la noticia de que unas niñas habían sido intercambiadas al nacer en un hospital de Logroño hace casi 20 años. Un error en el hospital hizo que las niñas se fueran del hospital a un hogar equivocado: crecerían con unos padres (o abuelos) sin vinculación genética, pero creyendo que sí compartían la misma sangre. Una de las niñas ha denunciado el caso a los tribunales y pide una indemnización de tres millones de euros por daños morales. El procedimiento judicial está en trámite.

Ser intercambiado al nacer representa un caso muy atípico en sociedades contemporáneas, y es considerado como un experimento científico prohibido por razones éticas evidentes. Pero, ¿y si el intercambio al nacer no fuera algo atípico, sino la norma? Imaginemos por un momento un futuro distópico y oscuro donde se estableciera una política autoritaria que decretara que cada bebé, después de nacer, se intercambiaría de forma aleatoria entre distintos madres y padres. No habría vínculos biológicos entre padres e hijos, tan solo sociales. Nuestros hijos no se parecían a nosotros, ni nosotros a nuestros padres. Un hijo intercambiado de una madre europea rubia con ojos azules y pelo liso podría ser, por ejemplo, un niño de África con ojos oscuros, piel de color y pelo rizado. Es decir, una especie de lotería del nacimiento, pero llevada a su máxima expresión.

Sin duda, es una cuestión que despierta miedo y por lo que seguramente a nadie le gustaría pasar, pero proponemos que por un momento nos imaginemos que no sabemos quiénes serán nuestros hijos, o incluso que no supiéramos quiénes somos nosotros [Seguir leyendo]

Tomás Cano López